Cómo se hace y cuánto cuesta una campaña sucia en la Argentina

Por Leticia Martínez y Mariano Confalonieri. ¿Nunca pensaste cómo una empresa de telefonía celular o un banco hacen para conseguir tu número de teléfono y ofrecerte algo?

En la mayoría de los casos, compran esos datos en el mercado negro. Pero las bases de datos no sólo son usadas por privados. Los políticos recurren a ellas para hacer campaña sucia. Las campañas sucias volvieron a ser noticia en el mundo con la venta de datos personales por parte de Facebook a políticos, lo que puso a esa empresa en la mira del Congreso de Estados Unidos y del Parlamento Europeo.

En teoría, Cambridge Analítyca tuvo su pata argentina en 2015, con una supuesta campaña “anti Kirchner”, según declaró ante la Cámara de los Lores uno de los promotores de estos métodos.

Las bases de datos son la clave

A siete meses de haber asumido, el gobierno de Mauricio Macri perfeccionó y “blanqueó” el uso de datos para la propaganda: le dio acceso a la Secretaría de Comunicación Pública a la base de datos de la Anses, con un objetivo, en apariencia, noble: llegar a la gente con lo que la gente necesita.

La Anses tiene registro detallado de 32 millones de argentinos. Teléfonos, domicilios, nivel de ingresos, entre otros. La medida generó la reacción del arco opositor, que sabe el valor que esa base tiene en marketing político.

Tanto oficialismo como oposición tienen al alcance de su mano la información. Al que está en el gobierno le cuesta menos porque la tiene, el que está enfrente tendrá que pagar.

Pero hay dos aspectos que hay que tener en cuenta en este mundo del marketing. El primero es que el acceso a los datos personales de alguien en la mayoría de los casos es ilegal, porque rompe la protección de la información de los ciudadanos.

La campaña sucia se usa para debilitar a un rival, o directamente sacarlo de la cancha. Las medidas verdades hacen mucho más daño que una mentira. 

El segundo es que esa misma información que alguien usa con fines nobles se puede volcar al servicio de una campaña sucia, una de las preferidas por muchos políticos.

¿Nunca te llegó un mensaje de Whatsapp con un video que compromete de algún modo a un candidato? ¿Recibiste un llamado con una voz grabada acusando a otro político de corrupción?

Si bien los efectos de una campaña sucia no están del todo claros, muchos recurren a esos métodos con el objetivo de enfrentarse en las urnas con un rival más debilitado. O directamente, lo hacen para sacar a un oponente de la cancha.

La evolución tecnológica hace que cada vez sea más fácil y menos costosoSe dialogó con un dirigente del Conurbano que realiza esas campañas a nivel municipal. Con reserva de nombre, el dirigente contó que, para hacerlo, el primer paso es comprar la base de datos. Una base de 200 mil datos puede costar 200 mil pesos. Pero no siempre es muy efectiva porque muchos de sus datos están desactualizados.

El segundo paso será masificar el mensaje en cuestión utilizando los celulares que se obtuvieron en la compra de esa base de datos. El Whatsapp es mucho más efectivo que una publicación viralizada en Facebook o en Twitter, porque el que contrata la campaña elige a quién mandarsela.

Para poner un ejemplo, si yo quisiera debilitar la imagen de mi oponente, le mandaría el mensaje a través del chat a los potenciales votantes de él o a los indecisos. Con eso me aseguraría que esa persona en particular lo recibió e inclusive en muchos casos podría verificar si lo recibió.

8 de cada 10 usuarios de ‘Smartphone’ en Argentina usan WhatsApp y leen el 97% de sus mensajes recibidos.

En cambio, en Facebook o Twitter la viralización (que se hace promocionando algo con dinero) se puede segmentar sólo a través de intereses que declaraste en materia política o artística. O por edad. El Whatsapp es mucho más específico.

8 de cada 10 usuarios de ‘Smartphone’ en Argentina usan WhatsApp y leen el 97% de sus mensajes recibidos. El Intransigente accedió a un briefing que una empresa internacional ofrece a sus clientes, promocionando las ventaja de este tipo de masificación de un mensaje.

En él, dice: “Otra gran ventaja es que usando este medio se obtienen resultados inmediatos ya que se puede saber quien recibe la información, quien abrió el archivo, y lo más importante, el usuario puede responder al mensaje y saber en tiempo real cuales son sus necesidades”.
Esa empresa también se vende aclarando su caudal de información: “Nuestra base de datos está compuesta de nombre y apellido, dirección, C.P. y teléfono, por lo tanto se pueden hacer campañas sectorizadas”.

¿El costo? Para multiplicar un mensaje a 300 mil celulares, se pagarán 0,72 centavos por teléfono. Para un político con cierto respaldo, es poco dinero. A medida que se engrosa la cantidad de destinatarios, el precio es menor.

Suponiendo que el dirigente cuenta con una base de datos comprada en el mercado negro y no necesita de una empresa porque lo quiere hacer de manera “artesanal”, tendrá mucho trabajo. Porque Whatsapp califica como Spam a un número de celular cuando envió un mismo mensaje a más de 100 destinatarios. Entonces, cada 100 destinatarios, el artífice de la campaña sucia deberá cambiar el chip. Si quiere llegar a 300 mil personas, será un trabajo arduo.

La campaña sucia cosecha varios hitos en la historia argentina reciente.

¿El costo? Para multiplicar un mensaje a 300 mil celulares, se pagarán 0,72 centavos por teléfono. Para un político con cierto respaldo, es poco dinero. A medida que se engrosa la cantidad de destinatarios, el precio es menor.

Casos recientes

El exjefe de Gobierno porteño, Enrique Olivera, fue seriamente perjudicado en la campaña legislativa de 2005 por una denuncia motorizada por sectores del macrismo que lo acusaba de tener cuentas en el exterior sin declarar. Se descubrió, dos años después, que se trataba de un homónimo. Olivera no tenía esas cuentas.

Estas “operaciones” no siempre se realizan con información del todo falsa. A veces, medias verdades causan mucho más daño. En las últimas elecciones, se filtró un audio de Sergio Massa, que era candidato a senador y competía contra Esteban Bullrich y Cristina Kirchner, que lo dejaba muy mal parado.

En el audio, se lo escuchaba al ex intendente de Tigre pedirle a sus asesores que salieran a tuitear que Macri era igual a Fernando de la Rúa, intentando instalar la idea de debilidad del Presidente.

En el massismo admitieron que la voz era la de Massa, pero dijeron que el audio había sido editado, y acusaron al oficialismo de haberlo conseguido mediante espionaje ilegal. Pero si el audio era cierto, Massa estaba empezando a promocionar una campaña sucia en ese audio que se filtró a todas luces de manera ilegal.

En esas mismas elecciones se viralizó un video del exintendente de La Matanza, Fernando Espinoza, en una situación de intimidad. Y hacia atrás hay muchos casos.

El exgobernador Daniel Scioli se topó con ese problema en 2015 cuando enfrentó a Mauricio Macri. Si bien era Macri el que denunciaba la existencia de una campaña sucia, por las acusaciones que hacía Scioli, el candidato del peronismo fue el blanco de una campaña sobre cómo estaba toda inundada la Provincia de Buenos Aires, pero hecha con imágenes de otros países.

Daniel Filmus denunció una campaña sucia montada por el macrismo con el objetivo de arruinar sus posibilidades de ser jefe de gobierno en 2011. Consistía en llamados telefónicos a vecinos de la Ciudad con una máquina que involucraba a su padre, de 80 años, en la corrupción de “Sueños Compartidos”, las viviendas sociales de Shocklender y Hebe de Bonafini. La información era falsa y por esa campaña fue procesado el arquitecto publicitario del PRO, Jaime Durán Barba.

El troll center

Todo es posible con dinero. Los Trolls center (cuentas de tuiter para masificar un mensaje real, medio real o falso)  para una campaña presidencial pueden valer hasta 200 mil dólares por mes si se trata de una competencia por la presidencia, según confesó a El Intransigente Andrés Elías, un ecuatoriano que se dedica a ese tipo de campañas.

Si bien es cierto que el mundo de Twitter está más identificado con el “círculo rojo”, es decir, políticos, periodistas, empresarios y líderes de opinión, también pueden causar mucho daño, sobre todo, si se masifican mensajes que luego son legitimados por cuentas oficiales de políticos o replicados en medios de comunicación en teoría serios.

Amnistía Internacional denunció en marzo de este año a los famosos trolls center y determinó, tras analizar casi 400 mil tuits, que el objetivo de estas cuentas, por alguien pagas, era descalificar o difamar a periodistas y dirigentes de derechos humanos críticos del oficialismo.

“La gente es muy crédula. En EE.UU. creen que Elvis Presley vive, qué se puede esperar de nuestros países, donde mucha gente está muy desinformada. Es terreno propicio para las campañas negativas, campañas que se convierten en una gran arma”, cierra Elías.

El Intransigente

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