Cuatro hermanos fueron abandonados por sus padres y subsisten con esfuerzo

Mediodía en el barrio Sapucay, el sol ofrece una tregua y el frío cede terreno después de varios días con temperaturas de un dígito. Los cuatro hermanos almuerzan el guiso que cocinó Cintya (20) a las apuradas, al llegar de su trabajo como empleado doméstica.

La casita de madera es muy precaria, con rendijas en las paredes por donde se cuelan todas las adversidades del clima. Las necesidades materiales están a la vista y son demasiadas, pero no son las únicas carencias que padecen la joven y sus hermanos: sus padres los abandonaron para formar nuevas familias y los chicos crecen solos.

A pesar de las enormes dificultades que atraviesan y al hecho de que apenas tienen para comer una vez al día, se las ingenian para salir adelante, trabajan y no abandonaron sus estudios. Damián (18) y Felipe (15) son los hombres de la casa, mientras que la pequeña Nara (4) es el desvelo de sus tres hermanos mayores. “Nuestro papá se fue hace muchos años con otra mujer y nunca más nos vino a ver. El único contacto que tenemos con él es porque cobra el salario por mis dos hermanos más chicos, Felipe y Nara. Todos los meses Felipe va a buscar esa plata. Esa es la única relación que tenemos con él y no nos ayuda con nada más”, comentó Cintya.

Ayer, en diálogo con El Territorio, la joven precisó que luego de que su padre los abandonara, su mamá comenzó a salir y a dejarlos solos, hasta que hace dos años se fue del hogar de forma definitiva.

Con el signo de la tristeza en la mirada, la adolescente reveló que su madre “hizo pareja con otro hombre y se llevó a mi hermanita más chica, pero el marido la maltrata y ella no quiere ir con ellos. Por eso ahora está con nosotros. El hombre toma mucho y es malo”.

Estudian y trabajan
La prioridad de los mayores es lograr la custodia de la pequeña Nara, ya que además del maltrato referido por parte del concubino de la madre, la mujer tampoco le daría el cuidado necesario a la criatura. Al respecto, Felipe mencionó una situación que grafica la relación de la progenitora con sus hijos. “Yo todos los meses voy a la casa de mi papá a buscar la plata del salario y después mi mamá viene a buscar la plata de mi hermanita, siendo que ella está la mayor parte del tiempo acá. Es triste decir, pero ninguno de nuestros padres nos quiere ni se preocupa por nosotros”, reflexionó el menor.

Según comentaron en la víspera, su madre reside en barrio Norte y el papá en el mismo Sapucay, a poco más de una cuadra de donde viven sus hijos, aunque hace muchos años que no los visita, más allá de que les entrega el monto que les corresponde por el salario con aportes.

Felipe hace changas y asiste al Centro Educativo Polimodal (CEP) N° 8, además estudia informática; mientras que Cintya cursa en el Centro Polivalente de Artes y trabaja cuatro veces por semana aseando casas de familia.

“Cuando mi papá se fue, justo empecé el secundario y tuve que dejar para trabajar. Después se fue mi mamá y me hice cargo de mis hermanos, pero el año pasado empecé en el Polivalente. Es un gran esfuerzo, porque a veces vuelvo cansada del trabajo, pero sin estudio no hay futuro y eso les inculco a mis hermanos”, remarcó la chica. En tanto, lamentó que su hermanita no haya comenzado el Nivel Inicial por desinterés de su propia madre.

Damián también hace changas y asiste a la iglesia evangélica, donde encontró un lugar de pertenencia y contención que le permitió compensar la falta de afecto paterno. “Mi papá nunca nos ayudó, se fue y nos olvidó. Me duele porque hace años que pasamos necesidades, pero no le tengo rencor”, indicó con templanza. También comentó que la relación con su madre está rota y reconoció que la ve cada vez peor por el consumo de alcohol. “Hace unos meses le extrañaba mucho a mi mamá y le fui a visitar. Hablamos en la vereda un ratito y salió el marido con un vaso de vino y me invitó. Yo le dije que no, que no tomo, y me empezó a insultar. Entonces me fui nomás”, rememoró.

Al igual que sus hermanos, Damián se mostró preocupado por la situación de la pequeña Nara, ya que el concubino de su madre ejercería violencia sobre la criatura.
Finalmente, Cintya comentó que hace un par de semanas tuvo que conseguir ropa de abrigo para la niña con su patrona, ya que la menor no tenía indumentaria acorde para el frío. “Lo que más queremos es arreglar nuestra casita, por ahí hacer un baño instalado y poder tener con nosotros a Nara, no estar dependiendo de que mi mamá la quiera mandar o no. Ella está bien acá y cuando le tenemos que llevar a lo de mi mamá se pone a llorar”, alertó.

La vivienda no cuenta con baño instalado ni cocina a gas. Ni siquiera tienen una mesa. En ese marco, días atrás, Cintya se acercó a la Municipalidad para solicitar ayuda y ayer fueron asistidos con alimentos, colchones y cuchetas, aunque están inmersos en una situación de enorme vulnerabilidad que exige medidas estructurales.

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