“Dios y la Virgen nos mostraron que hay poder, hoy lo tenemos bien vivo”

El 23 de abril, el gendarme misionero Hugo Orlando Mereles (33) se enfrentó a piratas del asfalto en Buenos Aires y sufrió dos balazos en la cabeza que lo dejaron literalmente entre la vida y la muerte. Su panorama era tan severo esos primeros días, que su familia se aferró a la fe y dejó todo en manos de Dios.

El centinela estuvo internado desde el principio en el hospital Churruca, donde los médicos trabajaron arduamente para extraerle durante esas primeras horas uno de los dos balazos que Mereles había sufrido en el ataque.

El primer proyectil pudo ser extraído rápidamente, pero para la segunda intervención el cuadro del gendarme era muy sensible, a tal punto que había desarrollado un paro cardíaco del que lo habían logrado compensar.

“Está estable pero tiene una bala en el cráneo que todavía no le pudieron sacar. Está entre la vida y la muerte. Hay que esperar no más, es Dios el que decide todo”, había expresado su padre, Arturo Mereles, en ese difícil momento.

Un mes después de ese crudo relato, Arturo volvió a dialogar con El Territorio pero con un semblante totalmente distinto. Es que ayer el hombre calificó como “milagrosa” la recuperación de su hijo, quien desde hace pocos días ya se encuentra internado en el Centro de Rehabilitación Neuromotriz Alpi de Palermo, donde llevará adelante un tratamiento especializado de seis meses de duración.

“El 23 se cumplió un mes y él ya está con rehabilitación. El lunes -por hoy- comienza con todos los trabajos. Él está muy bien, consciente, nos conoce a todos nosotros y también a sus amigos”, expresó ayer casi entre risas propias de una alegría que hace un mes pensaba no volver a sentir.

Según contó Arturo, el último parte médico que le brindaron a su hijo en el hospital Churruca arrojó evoluciones positivas y que “todo el tema de la cabeza está en perfecto estado”, en tanto que en el Alpi los informes médicos se dan cada 20 días.

Sobre el estado actual de Hugo, su padre comentó que “él ya no usa ni medicamentos. Solamente que se está alimentando por una sonda porque sigue con todo lo que le generó la traqueotomía, es por eso que todavía no puede hablar, pero quizás el lunes ya empieza también a hablar despacito”.

“Acá se llena de visita y él entiende todo. Queda muy contento cuando lo visitan, los conoce a todos, se ríe, los abraza a todos”, agregó Arturo.

En cuanto al tratamiento que ahora deberá llevar adelante, Arturo indicó que “en esta rehabilitación estará seis meses, porque después tiene que hacerse otra operación, porque en parte de su cabeza se salieron los huesos y ahí le tienen que poner una plaqueta. La rehabilitación acá es de todo, neurológico y para recuperar el movimiento, porque tiene inmóvil un lado de la pierna, sólo mueve los pies, pero los médicos dijeron que no habrá problemas con eso, que solamente falta trabajar para recuperar el movimiento”.

Cuando se preparaban para lo peor, Mereles libró batalla y salió victorioso, ante lo cual su padre no encontraba palabras y ni tampoco desaprovechaba minutos para agradecer a quienes ayudaron a su familia, desde los médicos, hasta a las autoridades de la Gendarmería Nacional Argentina (GNA), la comunidad en general y, fundamentalmente, a Dios.

“Dios y la Virgen nos mostraron que hay poder y que existen, porque él estaba crítico y con riesgo de vida, pero en quince días salió de todo eso. Hoy lo tenemos acá, bien vivo y consciente. Estamos muy contentos y muy agradecidos por todo el apoyo que tuvimos, con toda la gente se sumó en cadenas de oración. Eso vale muchísimo”, exclamó desde Buenos Aires, donde sigue día a día la evolución de su hijo.

Respecto al futuro de Mereles, Arturo también tenía buenas noticias, fundamentalmente para su familia. “Ya hablé con el jefe máximo de la Gendarmería y ya está todo listo como para que él -por su hijo- vuelva a Misiones. La decisión de seguir trabajando será de él, pero yo creo que elegirá seguir, porque a él le gusta muchísimo ser gendarme, fue su sueño desde chiquitito. Es lo que le llaman vocación”, culminó.

Persecución y balacera

Mereles nació y se crió en Colonia Delicia-Mado, donde ahora fue reconocido como ciudadano ilustre, e integra las filas de la GNA hace 14 años y desde el 2008 forma parte del Escuadrón 5 Moreno. Justamente, fue en el barrio San José de esa localidad bonaerense donde enfrentó el peor momento de su vida.

El cruce con los piratas del asfalto se produjo el 23 de abril a la siesta, sobre la calle España. Hasta ese lugar llegaron los gendarmes tras una denuncia que alertó que un repartidor de bebidas estaba siendo asaltado por tres delincuentes armados que iban en una Renault Kangoo.

El personal corroboró lo que sucedía y dio la voz de alto, momento en que los asaltantes se fugaron, dando paso a una persecución hasta que abandonaron la Kangoo e intentaron huir a pie.

A los pocos minutos cayó el primero: Oscar Raúl Tosi (45), con varios antecedentes por robo. Un segundo delincuente ingresó por los fondos de una vivienda, seguido por Mereles, con quien entabló un enfrentamiento armado. El misionero recibió dos balazos y quedó tendido en el lugar, mientras que su atacante intentó continuar con el escape.

A 200 metros, el agresor le sustrajo a un circunstancial automovilista un auto Ford Ka, pero manteniendo un nuevo cruce con personal de apoyo que había llegado a la escena, resultando abatido dentro del habitáculo.

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