El gobierno vuelve a jugar con fuego

Pocos trabajos son más nobles y humanitarios que el de un bombero voluntario. La historia de los valientes que se enfrentan a la impredecible voracidad del fuego se remonta a la época del Imperio Romano, cuando la civilización comenzó a ver cómo aumentaban los riesgos de desastre en la misma proporción que crecían las ciudades. En nuestro país y gran parte de Latinoamérica, el grueso de estos trabajos es de carácter voluntario, ad honorem, y el cuerpo de bomberos se sostiene financieramente con donaciones y subsidios siempre insuficientes, por lo cual cada uno de ellos debe tener un empleo “de verdad” para vivir.

Pero la emergencia siempre los encuentra en la autobomba, yendo a toda velocidad allí donde se los necesita. No piensan en si el Estado les paga o si la sociedad los reconoce. Ayer, en la puerta del Congreso, últimamente escenario casi diario de los reclamos de múltiples sectores, ellos se manifestaron para visibilizar una problemática grave: la virtual desfinanciación de este sistema fundamental de prevención y contención de siniestros.

Este temor está fundado, por un lado, en una deuda de $147.396.108 correspondientes al excedente de recaudación del ejercicio presupuestario 2017. Por el otro, en la intención del gobierno de modificar la ley nacional 25.054, que estipula que las aseguradoras están a cargo del subsidio a través de un aporte obligatorio del cinco por mil. La idea es rebajarlo a 3,5 por mil, lo cual deja en rojo total al sistema. Otro sinsentido en un país en el que cada vez entendemos menos hacia dónde vamos.

Cronica

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