Nanammal, la mujer que sigue practicando y enseñando Yoga a sus 98 años

En la actualidad podemos encontrar un montón de tipos distintos de Yoga: desde el Kundalini, el Ashtanga o el Bikram hasta otros menos ortodoxos y más polémicos o extravagantes como el Beer Yoga o Yoga con cervezas o el Goat Yoga o Yoga con cabras. Tanto la industria como las redes sociales han tenido mucho que ver con esta proliferación de llamativos tipos de Yoga: por un lado nos han creado la “necesidad” de hacernos con las últimas mallas de moda o la colchoneta más cómoda para practicar y, por otro, mostramos todos nuestros progresos en las redes sociales, creando así un mayor “bombo” en torno a la práctica de Yoga.
Esto tiene su parte positiva porque, de esta manera, el Yoga ha llegado a mucha más gente, junto con sus beneficios para nuestro organismo. Sin embargo, hay quien prefiere aferrarse al Yoga tradicional en el más amplio sentido de la palabra: Nanammal es una profesora de Yoga hindú de 98 años, con más de 90 años de práctica a sus espaldas, que prefiere el Yoga más clásico y sus vestimentas tradicionales.
Nanammal comenzó a practicar Yoga de la mano de sus padres cuando tenía tres años; desde entonces, tres generaciones de yoguis (sus hijos, nietos y bisnietos) han aprendido de ella, además de todos los asistentes a sus prácticas de Yoga.
Nanammal, que sigue practicando a diario, apuesta por una práctica del Yoga que nos acerque a la relajación y a la meditación (que no es sino el fin último del trabajo físico en Yoga: preparar al cuerpo para comenzar a meditar). Frente a todas las nuevas corrientes que promueven un tipo de Yoga más físico y más relacionado con el entrenamiento, Nanammal prefiere una práctica más sosegada y pausada, y así es como lo ha estado enseñando en su escuela durante décadas.
Nada de mallas de colores, nada de Yoga con animales: solo ropas tradicionales hindúes y una práctica más centrada en relajarnos.
¿Es mejor el Yoga tradicional?
Que una práctica de actividad física se extienda tanto como lo ha hecho el Yoga implica inevitablemente que se creen diferentes modos de enseñarla y practicarla y que aparezcan diversas “mezclas” (como las que hemos señalado antes del Yoga con cerveza o con cabras) que pueden no gustar a todo el mundo, sobre todo a los más puristas.
Sin embargo, comentan en Vitónica, esta diversificación de opciones a la hora de practicar Yoga puede hacer que en última instancia la gente practique más actividad física, algo que, a la larga, será beneficioso para ellos.
A excepción de los tipos de Yoga que introducen el alcohol en sus clases (porque ya sabemos que el alcohol y la vida saludable no son buenos compañeros), un tipo de Yoga no tiene por qué ser mejor o peor que otro: simplemente son diferentes y responden a distintas necesidades de las personas que los practican.
Lo más importante a la hora de practicar Yoga es que encontremos la variante que mejor se adapte a nosotros: si buscamos un trabajo más físico, quizás es mejor optar por el Vinyasa Flow que por el Hatha o el Kundalini. Encontrar tanto un tipo de Yoga como un instructor con el que nos sintamos cómodos será primordial para que no dejemos la práctica a los dos días.
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