Por primera vez en 65 años, las dos Coreas se han reunido para negociar finalmente la paz

Técnicamente, Corea del Norte y Corea del Sur jamás han dejado de estar en guerra. Desde que el conflicto se enfriara y las fronteras de ambos países se trazaran en torno al paralelo 38º su relación ha sido, en el mejor de los casos, distante. Y siempre en guerra: no hubo armisticio. La situación podría estar a punto de cambiar: hoy mismo se han reunido Kim Jong-Un y Moon Jae-in, presidentes del norte y del sur, apretón de manos mediante y, atención, pie en la frontera conjunto.

¿Por qué se reúnen? Hace menos de un año que el clima de tensión entre Corea del Norte y Estados Unidos alcanzaba su pico. La amenaza a la isla de Guam y las repetidas pruebas balísticas del régimen juché soliviantaron a Trump. Desde entonces, paradójicamente, la situación se ha enfriado. Kim Jong-Un ha optado por desescalar, lo que ha coincidido con los intereses del nuevo gobierno surcoreano. En los JJOO de invierno ambas naciones participaron juntas en hockey.

Ahora, tras progresivas negociaciones, se reúnen en una cumbre extraordinaria e histórica.

¿De qué han hablado? Los medios llevan todo el día especulando sobre el posible contenido de la cumbre. La noticia más impactante, a esta hora, es el potencial compromiso de Corea del Norte para deshacerse de su arsenal nuclear. Es habitual que el régimen juche negocie sobre hipótesis que jamás cumple. Sin embargo, el fin de las pruebas nucleares anunciado por Kim Jong-Un el mes pasado puede dar pie a cierta credibilidad. A priori, la voluntad ambos gobiernos es positiva.

Sobre el papel, la cumbre se ha saldado con resoluciones simbólicas (aunar festividades), acciones significativas (fin de la propaganda) y la promesa del acuerdo de paz. A desarrollar.

¿Qué ha cambiado? El timing ha sido rápido, y hasta cierto punto extraño. Las relaciones entre ambas Corea alcanzaron un punto de no retorno desde la llegada al poder de Kim Jong-Un, de retórica particularmente inflamable. 2018 ha sido testigo de la dinámica contraria. Como se especula aquí, la presión ejercida por Estados Unidos y sus aliados para recrudecer las sanciones y el aislamiento de Corea del Norte han recrudecido la situación interna en el país.

Kim Jong-Un parece estar explorando otra vía para sostenerse en el poder: mejorar la economía y la vida de sus ciudadanos antes que el exhibicionismo bélico. Para ello, necesita arreglar las cosas.

¿Qué pinta EEUU? En esta ocasión, bastante. El encuentro entre Kim Jong-Un y Moon Jae-in es un preliminar. Se espera que el líder de norcorea y Donald Trump se reúnan a lo largo de los próximos meses, aunque no hay una fecha concreta. Sería otro paso de gigante para enfriar la situación (que hasta hace no poco parecía derivar en un conflicto irresoluble y escalado) y una fotografía histórica. Para Trump, además, un extraño e imprevisto éxito en política internacional. Pese a todo.

¿Nos lo creemos? Hay motivos para tener esperanza. El principal es el carácter simbólico del encuentro entre el Norte y el Sur: por primera vez desde la guerra, el líder de Corea del Norte ha puesto un pie en el Sur y viceversa. Kim Jong-Un ha cruzado el célebre puesto fronterizo entre ambos países y ha estrechado la mano de su interlocutor con una enorme sonrisa. Más tarde y en contra de lo previsto, ha invitado a Moon a poner pie en el norte. Lo ha hecho de la mano de Kim.

La foto es ya un icono. Uno que puede ser definitivo, aunque aún es pronto para decirlo.

Imagen: AP
Fuente: Magnet

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