Rocket Lab envía su primer cohete al espacio: pequeño, eléctrico y con motor fabricado con una impresora 3D

La industria aeroespacial privada ya no es sólo cosa de SpaceX de Elon Musk y Blue Origin de Jeff Bezos, desde Nueva Zelanda y con sólo dos intentos Rocket Lab ha conseguido llevar a cabo con éxito su primera misión espacial. En esta nueva carrera espacial donde también participan empresas privadas Rocket Lab busca hacerse un hueco con una estrategia diferente a SpaceX, sus cohetes no son reutilizables pero gracias a su tamaño cada misión tiene un coste mucho inferior a los de cualquier otra empresa.

Rocket Lab comenzó su andadura en la industria aeroespacial en 2006, con el objetivo de convertirse en un lanzador dedicado a pequeños satélites. Por supuesto si eres una empresa que lleva al espacio nanosatélites como el CubeSat no necesitas un cohete enorme como el Falcon 9 de SpaceX (ni mucho menos un mastodóntico BFR). Rocket Lab ha fabricado algo más pequeño, un cohete multietapa de un solo uso llamado Electron y que no supera los 17 metros de altura frente a los 70 metros del Falcon 9 por ejemplo.

El primer intento de lanzamiento de Electron fue en mayo de 2017, despegó con éxito y completó las separaciones de la primera etapa, pero al alcanzar los 224 km de altura se perdió el contacto y control del mismo. El segundo lanzamiento estaba planeado para el pasado 8 de diciembre, las condiciones meteorológicas y varios problemas técnicos hicieron que la misión se cancelase. Ha sido finalmente ayer 21 de enero cuando Electron despegó con 3 satélites CubeSat a bordo, y los ha puesto en órbita.

Motores eléctricos hechos con una impresora 3D

La proeza de Rocket Lab es considerable, no solamente por conseguir llevar a cabo su misión en el segundo intento, sino también por el cohete utilizado. Los cohetes Electron como su propio nombre indica funcionan por electricidad. En su interior tienen un motor Rutherford, diseñado ellos mismos y con la particularidad de que la potencia la extraen de una batería y no por combustión. Hay más, con tal de ahorrar todo lo posible estos motores están fabricados por una impresora 3D.

Con este tamaño y fabricación Rocket Lab ha conseguido que cada lanzamiento tenga un coste de menos de 5 millones de dólares, una vez más para poner en contexto las cosas, el Falcon 9 reutilizable de SpaceX tiene un coste de alrededor de 50 millones de dólares en cada lanzamiento. El bajo coste de los cohetes ha hecho que Rocket Lab tampoco se preocupe por recuperar sus cohetes lanzados, por lo que son desechables y no vuelven a tierra como los de Elon Musk.

El objetivo: lanzar casi un cohete por semana

Cohetes low-cost para muchos satélites y viajes comerciales parece ser la filosofía. Cada cohete es capaz de llevar a bordo una carga de entre 150 kilogramos y 225 kilogramos, no se compara a los más de 20.000 kilogramos de carga útil que tiene por ejemplo el Falcon 9, pero no busca eso. Los lanzamientos de Rocket Lab pondrán en órbita pequeños satélites como los CubeSat.

¿Cómo se ponían en órbita estos pequeños satélites hasta ahora? Generalmente se “enganchaban” a satélites más grandes y se aprovechaba un lanzamiento importante para ponerlos a todos en órbita. Como consecuencia de ello para lanzar un pequeño satélite a veces hay que esperar meses o años hasta que se lleva a cabo la misión de poner en órbita un gran satélite.

En este primer lanzamiento con éxito han sido un total de tres CuebSat de empresas privadas puestos en órbita, uno para recoger datos meteorológicos, otro para las rutas de barcos y otro para tomar fotografías. La compañía dijo que ya tiene otros 5 cohetes en producción, con un nuevo lanzamiento previsto para principios de este año. Son cohetes que se construyen mucho más rápido, y hay una creciente demanda de clientes que quieren poner en órbita sus pequeños satélites. Tanto es así que con el tiempo planean tener unos 50 lanzamientos al año, casi uno por semana. La NASA, Moon Expres o Spaceflight son algunos de los interesados.

Fuente: Xataka

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