Tras el paro del lunes, la negociación

El paro del lunes será contundente, por dos motivos. Como siempre ocurre, por un lado habrá muchos trabajadores dispuestos a parar, disconformes con Mauricio Macri; por el otro, muchas personas que aunque quieran ir a trabajar no podrán hacerlo, ya que subtes, trenes, taxis, colectivos y aviones no funcionarán.

Este viernes se conocieron nuevas adhesiones a la medida de fuerza convocada por la CGT: universitarios confirmaron que se sumaban, y metrodelegados dijeron que no habrá subtes. En tanto, Aerolíneas y Latam ya cancelaron vuelos para el lunes, mientras que la Cámara de Comercio calificó la medida de fuerza de “inoportuna”.

Los gremios tradicionales, los peronistas, no harán marchas, concentraciones, cortes ni piquetes. Pero sí plantean bloqueos en rutas y accesos los partidos políticos y agrupaciones de izquierda.

Pablo Moyano, el hijo de Hugo, pidió desde el gremio de los Camioneros que “todos los dirigentes se pongan el mameluco y salgan a la calle”.

El lunes, los discursos que se escucharán ya son conocidos. Moyano y los suyos dirán que la medida fue contundente. El gobierno explicará que mucha gente que quiso trabajar no pudo.

Pero más allá del paro, funcionarios y gremialistas debaten en varias mesas cómo será el día después, que tendrá como primer punto las discusiones de paritarias.

Luego de que Camioneros firmara por el 25%, y que el propio ministro Nicolás Dujovne admitiera públicamente que la inflación iba a ser del 27%, ningún gremio quiere ser menos y, con la fórmula que sea (cláusula gatillo, actualización, etc.), ya están imponiendo ese número como nuevo tope.

El gobierno, por su parte, dejó de hablar de una pauta del 15% que pregonaba a principios de año, cuando el dólar estaba a 18 pesos. La devaluación abrió la puerta a una nueva pauta inflacionaria y por ende a una nueva negociación salarial.

Si se consolidan estos aumentos de sueldos, el Ejecutivo indirectamente habilitaría una recuperación del poder adquisitivo del salario, dejando el dólar colgado entre 27 y 28 pesos. Quedaría entonces un dólar “viejo” con sueldos “nuevos”, al menos esa es la idea.

Aunque nadie lo reconozca dentro del gobierno, hay una necesidad de que la gente no llegue tan golpeada en sus bolsillos a las elecciones, y esto se conseguiría planchando el dólar, y por ende frenando la inflación y permitiendo que el salario recupere parte del terreno perdido. No debería haber más ajuste de aquí hasta el momento de votar. Esto se dice en los pasillos oficiales. Hay que ver si se puede cumplir.

Aumentos ya licuados

En los próximos meses ocurrirán en materia salarial dos fenómenos. Los gremios que ya cerraron un incremento del 15% con cláusula de revisión, pedirán el 25 obtenido por Moyano. Y los que no cerraron se aferrarán al 25%. Habrá que ver qué pasa, sobre todo en el caso de los estatales, donde las arcas públicas no podrían absorber pagar 10 puntos más de lo pautado en enero.

Muchos eufóricos puertas adentro del gobierno dicen que nada cambió. Que cuando la previsión de inflación a principio de año era de 17%, la pauta del gobierno era 15% de aumento. Y que ahora que desde el Banco Central se señala una inflación del 27%, el aumento que tácitamente está reconociendo el gobierno es del 25%. En ambos casos, la gente perdería dos puntos contra la inflación real.

Lo que habrá que ver es si todas las actividades pueden estirarse a pagar un 25% en un contexto recesivo y de economía a la baja. Lo cierto es que estos son los números y aquellos gremios que no puedan acercarse a la nueva cifra mágica ya prometen un segundo semestre combativo con conflictos, paros y movilizaciones.

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