Genes humanos plantados en cerebros de monos

Parece el argumento de una escabrosa película de ciencia ficción, pero se trata de una realidad, pues científicos chinos modificaron genéticamente macacos incorporándoles copias adicionales de un gen humano que se supone que desempeña un rol en la configuración de la inteligencia. La controvertida experiencia, plagada de sombras éticas, fue publicada con sus resultados en la National Science Review, la revista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). .
“Este fue el primer intento de comprender la evolución de la cognición humana utilizando un modelo de mono transgénico”, detalló Bing Su al MIT Technology Review, el genetista del Instituto de Zoología de Kunming, que dirigió el esfuerzo.
El gen al que apeló este equipo de investigadores es el MCPH1, que está relacionado con el tamaño del cerebro y que se expresa durante el desarrollo del cerebro fetal. Las mutaciones en MCPH1 pueden llevar a la microcefalia, un trastorno del desarrollo caracterizado por un cerebro pequeño.
Los científicos informaron que crearon con éxito 11 monos rhesus transgénicos (ocho de primera generación y tres de segunda generación) que llevan copias humanas del MCPH1. De acuerdo con el artículo, las imágenes del cerebro y el análisis de la sección de tejido mostraron un patrón alterado de diferenciación neuronal y una maduración retrasada del sistema neural (neotenia), algo similar al retraso del desarrollo en los humanos.
La neotenia en los seres humanos es la retención de rasgos juveniles en la edad adulta. Una diferencia clave entre los humanos y los primates no humanos es que los humanos requieren mucho más tiempo para configurar sus redes neuronales durante el desarrollo, lo que alarga enormemente la infancia.
El estudio también encontró que los monos transgénicos mostraron una mejor memoria a corto plazo y un tiempo de reacción más corto en comparación con los monos rhesus salvajes en el grupo de control. También se aclara que el tamaño de su cerebro no varió significativamente.
Ante esto la reacción de la comunidad de ciencias no se hizo esperar.
Aunque algunos investigadores dijeron el experimento es práctico porque permite imitar y entender cómo se desarrolló la inteligencia humana, otros miembros de la comunidad científica mostraron su rechazo y estupor.
“El uso de monos transgénicos para estudiar genes humanos relacionados con la evolución del cerebro es un camino muy arriesgado”, afirmó James Sikela, un genetista que realiza estudios comparativos entre primates en la Universidad de Colorado, Estados Unidos. “Es un clásico problema de la pendiente resbaladiza y uno que podemos esperar que se repita a medida que se realiza este tipo de investigación”, añade.
Jacqueline Glover, bioética de la Universidad de Colorado, comentó la imaginación popular inmediatamente piensa en “El Planeta de los Simios”, y que “humanizarlos es causar daño.
Dónde vivirían y qué harían? No cree un ser que no pueda tener una vida significativa en ningún contexto”.
“Hay un montón de aspectos de este estudio que no podrías hacer en Estados Unidos”, dice a la revista del MIT. “Ahora hemos creado este animal que es diferente de lo que se supone que es. Cuando hacemos experimentos, tenemos que entender bien lo que intentamos aprender, ayudar a la sociedad, y ese no es el caso”, reflexiona luego.
Además, con solo cinco monos modificados es difícil llegar a conclusiones firmes. Frente a estos dilemas éticos, Su dijo que los humanos y los monos compartieron un ancestro común hace 25 millones de años por lo que “aún hay decenas de millones de diferencias” en el genoma. De hecho, comentó que está haciendo más monos genéticamente modificados con nuevos genes de evolución cerebral. Uno de los que tiene en mente es SRGAP2C, una variante de ADN que surgió hace unos dos millones de años y que ha sido considerado el “interruptor de la humanidad” y el “eslabón genético perdido” por su posible papel en el surgimiento de la inteligencia humana.

ANSA

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