las teorías del caso que inquieta al Vaticano

Como si de una novela de Dan Brown se tratase, el caso de Emanuela Orlandi, desparecida en extrañas circunstancias hace 35 años, se ha reabierto después de que su familia recibiese el verano pasado una fotografía de una tumba al lado de una estatua de un ángel en el Vaticano, acompañada de una extraña frase: “Busca donde señala el ángel”. Este jueves, tras meses de negociaciones con la Santa Sede, se han abierto dos tumbas pertenecientes a dos princesas alemanas… Pero no había ni rastro de los restos de Orlandi-ni de los de las princesas- lo que aumenta aún más el misterio que envuelve a su desaparición: ¿cómo ocurrió? ¿hubo alguien detrás? Tras la apertura de esta nueva investigación, resurgen teorías respecto a las circunstancias y a quién pudo estar detrás: ¿la mafia siciliana, el KGB, la CIA?

La desaparición de Emanuela Orlandi, una chica de 15 años que desapareció el 22 de junio de 1983 cuando salía de la escuela de música de San Apolinar, en el centro de Roma, ha estado siempre rodeada de misterio. Han sido varias las teorías, nunca demostradas, que implican a instituciones del Estado Pontificio como la Curia vaticana, a la Banda de la Magliana (la mafia de Roma) o, incluso, a un posible nexo con el atentado contra Juan Pablo II en 1981, en el que el papa recibió cuatro disparos a manos del turco Mehmet Ali Agca.

Y él es precisamente el protagonista de una de las primeras teorías que surgió respecto a la desaparición de Orlandi: supuestamente, un grupo terrorista raptó a la joven para obligar a la liberación de Agca, el autor de los disparos contra Juan Pablo II, que llevaba dos años en la cárcel por entonces. El 5 de julio, 13 días después de su desaparición, una extraña llamada añadía más confusión al caso: un hombre con acento norteamericano (que luego sería bautizado como “el fantasma americano”) dice tener como rehén a la adolescente; a cambio de dejarla libre exige como condición que le entreguen a Agca. Dos días después, el hombre vuelve a llamar. Esta vez, con información íntima sobre la cautiva.

Al no encontrar respuesta, un anónimo telefoneó a Laura Casagrande, amiga de Orlandi. Querían que enviara un mensaje a la agencia de noticias estatal italiana contando los detalles del secuestro de la joven quinceañera. “Nos hemos llevado a la ciudadana Emanuela Orlandi solo por pertenecer al Estado del Vaticano”, explicaban los raptores, quienes fijaron el 20 de julio (casi un mes después de su desaparición) como el plazo límite para que se cumplieran sus exigencias.

Según esta teoría, los secuestradores insistieron una vez más en la liberación de Ali Agca, quien supuestamente llegó a admitir desde prisión el plan para liberarle. A cambio, los captores prometían que entregarían con vida a la joven estudiante vaticana. El 17 de julio, tres días antes de que venciera el plazo impuesto, una grabación llegaba a la agencia ANSA. El tío de Emanuela, Mario Meneguzzi, reconoce la voz de la adolescente, así como sus gemidos y lamentos. Sin embargo, el Vaticano habría obligado al Estado italiano a negar la excarcelación del preso, lo que terminaría por costarle la vida a Orlandi. ¿Por qué? Esa es otra laguna más en esta teoría.

A principios de los 80, en Italia surgieron tantas conspiraciones que resulta difícil no ceder a la tentación de creérselas: tras el intento de asesinato de Juan Pablo II, el cuerpo de Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano que protagonizó uno de los mayores fraudes bancarios de la era moderna (y que malversó fondos del Banco Vaticano y de la mafia), fue hallado sin vida, colgando de un puente en el distrito financiero de Londres. Su asesinato se atribuyó a una ‘vendetta’ de la mafia por haber provocado que perdiese millones de euros.

En ese contexto, el secuestro de otra adolescente, Mirella Gregori, añadió aún más misterio. El jefe del grupo mafioso Banda della Magliana, Enrico De Pedis, fue señalado por su examante Sabrina Minardi, de haber secuestrado a Orlandi e, incluso, confesaría en 2005 que ella misma participó en el rapto. Según su versión, fue ella quien la introdujo en el vehículo que luego la llevaría a su destino final. De Pedis nunca fue acusado formalmente, aunque siempre estuvo bajo el foco durante la investigación.

Un fotógrafo y asesino confeso, Marco Accetti, confesó en 2013 haber participado junto a De Pedis del secuestro y homicidio de Orlandi. Su versión coincidía con la de Minardi. El hombre también formó parte de otros secuestros y fue detenido en varias ocasiones. Sin embargo, nada de ello pudo ser confirmado por De Pedis, quien murió el 2 de febrero de 1990. Había participado en numerosos escándalos políticos y en algunos de los crímenes más sonados en la Italia de los 70 y los 80. Por eso, sorprendió sobremanera que un cardenal emérito llamado Ugo Poletti autorizase en 2012 que sus restos fueran trasladados a San Apolinar, en el Vaticano.

La respuesta de la familia de Orlandi fue de auténtica indignación. Por entonces, el nombre de De Pedis figuraba como uno de los sospechosos de la desaparición de su hija. ¿Por qué honraría el Vaticano a un mafioso con semejante distinción? Ante el aluvión de críticas, la Santa Sede ordenaría el inmediato traslado de su cuerpo. Llegados a este punto, Piero Vergari, capellán de la cárcel donde estuvo preso De Pedis, pasó a ser sospechoso. En 2012, tras conocerse más detalles sobre el secuestro, investigaron su basílica, San Apolinar (donde habían estado los restos del mafioso durante poco tiempo) en busca de posibles indicios del paradero de Orlandi. Sin éxito.

El juez del caso concluyó entonces que el secuestro de la joven se llevó a cabo para intentar chantajear a Juan Pablo II: “Se pensaba que un secuestro en el Vaticano podría influir en la voluntad del papa”. Pero entonces entra en escena otro sacerdote: el padre Gabriele Amorth, nombrado por el papa como jefe de exorcistas del Vaticano, quien informó que en la desaparición de la jovencita podría haber estado involucrado un policía que prestaba servicios en el Vaticano y hasta personal diplomático.

En su opinión, todo se reducía a un caso de explotación sexual que terminó con el asesinato de Orlandi: “Satanás ataca al Vaticano, que es la roca dura contra él. Satanás ataca a todos. Tienta con mucha fuerza a las personas que tienen mucho poder”, explicaba en una entrevista, en la que llegaba a asegurar que entonces “se organizaban fiestas y uno de los gendarmes del Vaticano se encargaba de reclutar a las chicas. La red implicaba al personal diplomático de una embajada de la Santa Sede en el extranjero y estoy convencido de que Emanuela fue víctima de este círculo”. Amorth murió en septiembre de 2016 y tampoco podrá ayudar a saber qué ocurrió con Emanuela Orlandi.

msn

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