Francisco, “mi corazón está al lado de los genoveses”

A casi un año del derrumbe del Puente Morandi, el Papa Francisco se dirigió a los genoveses y habla de una “herida infligida en el corazón de su ciudad, una tragedia para aquellos que perdieron a sus familiares, un drama para los heridos, un evento impactante para quienes se vieron obligados a abandonar sus hogares viviendo como desplazados”.
Estas son las palabras del Pontífice en una carta publicada en el diario La Stampa, en la que Francisco dice a los genoveses de no tenerlos en el olvido.
“Recé y rezo por las víctimas, por sus familiares, por los heridos, por los desplazados, por todos ustedes, por Génova”, continuó Jorge Bergoglio y agregó que frente a eventos de este tipo, el dolor por las pérdidas sufridas “es insoportable y no fácil de calmar, ya que es comprensible sentimiento de no resignación frente a un desastre que podía haberse evitado”.
El puente Morandi fue construido en la década de 1960, atravesaba los distritos de Sampierdarena y Cornigliano, medía más de un kilómetro y tenía una altura de 90 metros. Fue una importante vía de transporte de la capital de la provincia italiana de Liguria y de todo el norte de Italia. El Pontífice, dijo luego de no tener respuestas, porque después de estas tragedias “hay que llorar, permanecer en silencio, preguntarnos sobre la razón de la fragilidad de aquello que construimos, y sobre todo hay que rezar. Pero tengo un mensaje que fluye de mi corazón “como padre y hermano”, y que me gustaría transmitirles: No permitan que las cuestiones de la vida rompan los vínculos que tejen su comunidad, borren la memoria de lo que ha hecho importante y significativa su historia”.
El Santo Padre manifestó que cada vez que piensa en la ciudad de Génova piensa en el puerto: “Pienso en el lugar donde se fue mi padre. Pienso en el cansancio cotidiano”, y también -dijo- en la “voluntad y las esperanzas de los genoveses”.
“Hoy quiero decirles sobre todo una cosa: sepan que no están solos. Sepan que no están nunca solos. Sepan que Dios nuestro Padre ha respondido a nuestro grito y a nuestra solicitud no con las palabras, sino con una presencia que nos acompaña, la de Su Hijo. Jesús pasó antes de nosotros a través del sufrimiento y la muerte. El tomó sobre sí todos nuestros sufrimientos. Fue despreciado, humillado, golpeado, clavado en la cruz y asesinado brutalmente”.
“La respuesta de Dios a nuestro dolor ha sido una cercanía, una presencia que nos acompaña, que no nos deja solos. Jesús se ha hecho igual a nosotros y por esto nosotros lo tenemos al lado, a llorar con nosotros en los momentos más difíciles de nuestras vidas. Miremos a El, confiemos a El nuestras peticiones, nuestro dolor, nuestra rabia”, invitó el Papa.

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