¿No hay suficiente evidencia para recomendar reducir el consumo de carne para mejorar la salud?

Comer carne está pasando de ser un pecado venial a uno mortal, ya sea por los efectos que produce en el medioambiente como por los efectos nocivos en la salud, sobre todo si se trata de carne roja.

Sin embargo, una nueva gran revisión concluye que no hay suficiente evidencia para recomendar reducir el consumo de carne con el objetivo de mejorar la salud.

Carne roja

El consumo de carne roja se ha vuelto impopular durante las últimas décadas debido a las preocupaciones sobre su asociación con el aumento de la enfermedad cardíaca. Este problema también se ha extendido a la carne blanca, como la de las aves, como señala un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition.

Sin embargo, la evidencia parece ser demasiado débil como para justificar decirle a las personas que coman menos carne de res y cerdo. Si hay beneficios para la salud al comer menos carne de res y cerdo, estos son pequeños, según los investigadores. De hecho, las ventajas son tan débiles que solo se pueden discernir cuando se observan grandes poblaciones, y no son suficientes para decirles a las personas que cambien sus hábitos, según Bradley Johnston, epidemiólogo de la Universidad de Dalhousie en Canadá y líder del grupo que publica la nueva investigación en Annals of Internal Medicine.

El estudio es el resultado de tres años de trabajo de un grupo de catorce investigadores en siete países. Para evaluar las muertes por cualquier causa, el grupo revisó 61 artículos que informaban sobre 55 poblaciones, con más de 4 millones de participantes. Los investigadores también observaron ensayos aleatorios que vinculaban la carne roja con el cáncer y las enfermedades cardíacas, así como 73 estudios que examinaron los vínculos entre la carne roja y la incidencia y mortalidad del cáncer.

El análisis está entre una de las evaluaciones más ambiciosas que se hayan realizado hasta la fecha, así que estamos hablando de palabras mayores. Con todo, las críticas no se han hecho esperar: la American Heart Association, la American Cancer Society o la Escuela de Salud Pública de Chan de Harvard ya han criticado las conclusiones del estudio.

Más allá de las críticas

A medida que han aumentado las preocupaciones sobre sus efectos sobre la salud, y también sus problemas medioambientales, el consumo de carne de res ha disminuido constantemente desde mediados de la década de 1970, en gran parte reemplazado por aves de corral. Sin embargo, las conclusiones contradictorias de los estudios sobre el consumo de carne va más allá del debate sobre las pautas dietéticas: pone en evidencia cuán complejo que es saber si un solo componente en la dieta es bueno o malo para la salud en términos generales.

El estándar de oro para la evidencia médica es el ensayo clínico aleatorio, en el que a un grupo de participantes se le asigna un medicamento o dieta, y a otro se le asigna una intervención diferente o un placebo. Sin embargo, es casi imposible pedirle a la gente que se adhiera a una dieta asignada el tiempo suficiente para saber si afecta a su salud.

La alternativa es un estudio observacional: los investigadores preguntan a las personas qué comen y buscan vínculos con la salud. Pero puede ser difícil saber qué comen realmente las personas, y quienes comen mucha carne son diferentes en muchas otras formas de las que comen poco o nada: quizá van menos al gimnasio, o comen otra clase de alimentos.

Por eso, de momento, debemos seguir el consenso de limitar el consumo de carne roja, ya sea por salud como por concienciación medioambiental. Pero, a la vez, los resultados de este estudio, sean consistentes o no, permiten debatir hasta qué punto podemos estar seguros de si un alimento es nocivo o no, y también la razón de que la opinión médica al respecto pueda variar con el tiempo con relativa facilidad.

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