Nuevas drogas mejora el tratamiento del cáncer de riñón

En Argentina, se producen cada año casi 5.000 casos nuevos de cáncer​ de riñón. El tipo más frecuente es el carcinoma de células renales (se da en el 90%). Detectado en etapas tempranas, la cirugía es el tratamiento de elección. Pero entre el 15 y el 30% de los pacientes llegan en estadíos avanzados, es decir, cuando el tumor ya afectó ganglios o produjo metástasis en otros órganos, una situación que, con el tiempo, también atraviesan alrededor de 1 de cada 3 de quienes son diagnosticados en forma precoz. Para esos casos, ya está disponible en el país una nueva combinación de drogas que reduce el riesgo de avance de enfermedad y muerte en un 31% y que tiene una mejor tasa de respuesta respecto de la terapia estándar.

La nueva alternativa terapéutica suma la acción de dos drogas con mecanismos de acción diferentes. Por un lado, perteneciente a la familia de las inmunoterapias, el avelumab, un anti PD-L1 que levanta los frenos que el tumor le pone al sistema inmunológico, permitiendo así que las propias defensas del cuerpo lo reconozcan y actúen contra él. Mientras que el antiangiogénico axitinib es una terapia dirigida que inhibe la formación de nuevos vasos sanguíneos en el tumor y, por lo tanto, su crecimiento. El primero se administra por vía endovenosa y el otro, oral.

La combinación fue aprobada por la Administración Nacional de Medicamentos y Tecnología Médica (ANMAT) como primera línea de tratamiento. Argentina es el segundo país en el mundo en tenerla disponible, después de Estados Unidos.

Así, se suma un eslabón más a la cadena de avances en el tratamiento de las personas con cáncer de riñón avanzado. Hasta hace poco más de una década, los recursos para tratarlo eran muy limitados, ya que es un tipo de cáncer que no responde a la quimioterapia ni a la radioterapia. La llegada del sunitinib (un antiangiogénico) marcó un gran cambio al mejorar la sobrevida y la calidad de vida de los pacientes. Durante años, ese tipo de drogas (inhibidores de la tirosin quinasa) fueron la opción de tratamiento. En 2015, se aprueba la primera droga de inmunoterapia, el nivolumab, en segunda línea. Y a fines de 2018, en combinación con otra inmunoterapia (ipilimumab), reemplazan al sunitinib como primera línea al demostrar mayor eficacia.

“En estos grandes avances, que se dieron fundamentalmente en los últimos 3 a 4 años, lo que faltaba era la combinación de inmunoterapia con antiangiogénicos, que es lo que ahora tenemos disponible”, dice a Clarín Martín Cortés, responsable del área de tumores genito-urinarios del servicio de oncología de la Clínica Universitaria Reina Fabiola, de Córdoba, y miembro de la Asociación Argentina de Oncología Clínica.

“Se ha demostrado fehacientemente que la actividad conjunta de ambas medicaciones logra una sinergia que permite alcanzar altas tasas de respuesta, muchas de ellas duraderas, con importantes resultados a favor de aquellos pacientes que transitan por este estadío de la enfermedad. Ofrece además mejor tolerancia que los anteriores tratamientos, lo que representa un beneficio en términos de calidad de vida”, afirma el médico oncólogo Juan Pablo Sade, de la unidad Genito-Urinaria del Instituto Alexander Fleming y del Hospital Universitario Austral.

¿Qué es la tasa de respuesta? La posibilidad de que el tumor se reduzca con el tratamiento. “Con los inhibidores de la tirosin quinasa como única terapia se sabía que uno de cada cuatro pacientes iban a lograr ‘achicar’ la enfermedad”, precisa Cortés. Con la nueva combinación, se duplica. “Sabemos que más de la mitad van a responder. Y en un porcentaje mucho menor, el tumor hasta puede desaparecer”, añade. Ese fue uno de los resultados que arrojó un estudio clínico de fase III (el JAVELIN Renal 101), que mostró que la nueva alternativa terapéutica mejora “significativamente” la mediana de sobrevida libre de progresión, es decir, el tiempo que los pacientes viven sin que la enfermedad avance, en comparación con la terapia estándar (sunitinib).

“La gran mayoría de los pacientes van a experimentar alguna reacción adversa por cualquiera de las dos drogas del tratamiento. Afortunadamente, la gran mayoría va a ser leve, estamos acostumbrados al manejo de esos efectos”, suma Cortés. Las reacciones más frecuentes son diarrea, cansancio, hipertensión, dolor musculo-esquelético, náuseas, disminución del apetito, hipotiroidismo, erupción cutánea, hepatotoxicidad, tos, disnea, dolor abdominal y cefalea, entre otras.

“Lo que a nosotros nos motiva mucho es lo que se ve con la inmunoterapia en otras patologías, pero que también se empieza a ver en estudios en cáncer de riñón que tienen más tiempo de seguimiento, y es que los pacientes que responden a la inmunoterapia, responden por mucho más tiempo“, afirma Juan José Zarbá, jefe del Servicio de Oncología del Hospital Zenón Santillán de Tucumán y profesor adjunto de Oncología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán. “Los que se benefician, se benefician mucho”, refuerza.

Se calcula que para mayo de 2020 estará disponible en el país la combinación de otra inmunoterapia (pembrolizumab) y axitinib.”Vamos a tener tres opciones que incluyan inmunoterapia que no van a estar comparadas entre sí”, señala Cortés, por lo que el desafío estará puesto en identificar qué pacientes se beneficiarán más con cada una. El acceso es otro de los desafíos, ya que son drogas de alto costo.

Cáncer de riñón, el quinto más frecuente

Los especialistas subrayan la importancia de contar con nuevas opciones ante un escenario epidemiológico en el que el cáncer de riñón en Argentina es el quinto en prevalencia detrás del de mama, colon, próstata y pulmón. “Es mucho más frecuente en Argentina que en otros países del mundo”, destaca Zarbá. Según las estimaciones de incidencia del Observatorio Global de Cáncer de la OMS, el cáncer renal ocupa el puesto 14 en prevalencia a nivel mundial y el 16 en mortalidad.

El tabaquismo, la obesidad y la hipertensión arterial​ son factores de riesgo para el cáncer de riñón. Es más frecuente en hombres y se diagnostica generalmente entre los 50 y los 70 años. Los principales síntomas que permiten sospecharlo son dolor persistente al costado del abdomen o en la espalda baja, un bulto en esas zonas, sangre en la orina, descenso involuntario de peso, pérdida de apetito, fiebre persistente no causada por una infección, fatiga y anemia.

msn