Lula confirmó que se entregará

El ex mandatario habló frente a los manifestantes en la sede del sindicato metalúrgico. Irá a la cárcel.

El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva anticipó este sábado que se entregará a la Policía pero no confirmó el momento en que lo hará. Según los medios brasileños y referentes del Partido de los Trabajadores (PT), será durante el transcurso del día.

Lo hizo tras participar de una misa en memoria de su fallecida esposa en la sede del sindicato de metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, en las afueras de San Pablo. El homenaje se terminó convirtiendo en un acto político, con el ex Presidente como orador principal.

“Tuve chance de irme a Uruguay (pedir asilo político). Me decían que lo haga. Que fuera a la embajada de Bolivia, de Uruguay, de Rusia. Dije que esto no lo acepto. Voy a cumplir el mandato. No estoy escondido. Voy a presentarme en las barbas de ellos. Yo no me escondo”, sentenció el ex jefe de Estado.

“No soy un ladrón. Un ladrón no haría lo que hago yo. Soy el único ser humano imputado por un departamento que no es mío. Mintieron cuando dijeron que era mío. Soy un ciudadano indignado. Ninguno de los jueces duerme con la conciencia tranquila como yo”, señaló luego de una larga introducción el líder del Partido de los Trabajadores (PT).

“No estoy encima de la Justicia. No habría propuesto una revolución en este país si no creyera en la Justicia. Pero creo en la Justicia justa, que se basa en elementos reales; no en un Power Point que sirvió a un fiscal para decir en la televisión que el PT es una banda delictiva y que yo era el jefe”, siguió Lula, acompañado en el escenario por la ex jefa de Estado Dilma Roussef y otros referentes políticos del Partido de los Trabajadores.

“La prensa no se da cuenta que cuanto más me atacan, más crece mi relación con el pueblo brasileño. Quiero debatir con el juez (Sérgio) Moro, a ver dónde están las pruebas”, agregó.

Lula, de 72 años, favorito a las elecciones de octubre, tiene una orden de detención desde el jueves para empezar a cumplir una pena de 12 años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero.

Informe de Eleonora Gosman, corresponsal de Clarín en Brasil

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