Matrimonio de Santa Cruz adoptará a cuatro hermanitas misioneras

Diariamente cientos de chicos alojados en los hogares convivenciales de la provincia sueñan con tener una familia que los adopte. En el caso de grupos de hermanos, este anhelo se vuelve más difícil de cumplir, aunque cada tanto ocurre un milagro que les permite hacer realidad su sueño compartido.
Tal es el caso de cuatro hermanitas misioneras de 8, 10, 12 y 14 años que en breve tendrán un hogar gracias a un matrimonio de la provincia de Santa Cruz que decidió adoptarlas juntas. “Estamos felices porque si no las teníamos que separar. Es un matrimonio de El Calafate que de entrada aceptó a las cuatro niñas”, reveló a El Territorio, María Elena Quelas, titular del Registro Único de Aspirantes a la Adopción de Misiones (Ruaam).

En ese marco, la funcionaria reconoció que el caso tiene un final feliz gracias al trabajo conjunto entre el registro misionero y su par del Sur. “Más allá de que lo legal está garantizado, en este tipo de casos es importante la empatía de los funcionarios con el niño y con los adoptantes, a fin de allanarles el camino y poder colaborar a fortalecer el vínculo entre ambos”, sostuvo.

En esa misma línea, Quelas agregó: “Debemos ser más ejecutivos. No se puede tener a los niños en los hogares por tanto tiempo, después sufren un desarraigo”. Y precisó que la mayor de las hermanas, al vivir tanto tiempo en un orfanato, en un principio presentó ciertas dificultades para vincularse a su nueva familia.
Según trascendió, la pareja que quiere la guarda de las menores arribaría entre hoy y mañana a la capital misionera en busca de las niñas. “Tengo entendido que están viajando en auto hacia acá. Ya vinieron a visitarlas varias veces y el tiempo que estuvieron lejos se comunicaban vía Skype para mantener el contacto con las chicas”, apuntó Quelas.
Misiones tiene antecedentes de finales felices. Historias de vida de esas que impactan hasta el punto de recorrer el mundo como un ejemplo de familias a puro corazón. Claudio Boccalon y Mariela Rzepeski, un matrimonio de Buenos Aires que adoptó a cinco hermanitos misioneros; y Andrea Barros y Víctor Bernardete, de Río Negro, que se convirtieron en padres de cuatro pequeños de la tierra colorada son el claro ejemplo de este amor multiplicado (ver Dos casos previos…).

Niños institucionalizados
En Misiones funcionan unos 20 hogares convivenciales que contienen a chicos sin cuidados parentales. La población que vive en estas instituciones asciende a 409, de 0 a 21 años. De este total, el 90 por ciento tiene más de 5 años, según el último informe de la Defensoría de los Derechos del Niño a fines de 2017.

El tiempo de permanencia puede ser desde meses hasta años, y este punto es el que más preocupa a los especialistas vinculados con el área de infancia. “No hubo muchas fluctuaciones en la población total. Y esa es nuestra preocupación, ya que se traduce en la escasa resolución de casos de los niños con medidas excepcionales, permaneciendo en los hogares, más tiempo de lo estipulado en el Código Civil”.
En promedio están tres años, cuando lo estipulado por ley -modificada en agosto de 2015- es un plazo máximo de 90 días para que el juez decida sobre la situación de adoptabilidad del niño.

 

Dos niñas esperan por una familia en San Pedro

El hogar de niñas María Ana Mogas funciona en la Capital de la Araucaria desde hace más de 38 años con el único objetivo de albergar a aquellas menores que por alguna u otra razón se quedan sin una familia. El establecimiento está a cargo de las hermanas franciscanas y recibe una demanda constante. Sin embargo, mediante la intervención de los jueces las infantes al poco tiempo son reubicadas.

Actualmente son 12 niñas las que viven en el hogar. Por lo general, la mayoría de las menores permanecen entre 15 y 20 en el orfanato, hasta que se resuelve su situación. Según destacaron en la mayoría de los casos, arriban al hogar cuando sus padres enfrentan problemas de adicciones o son víctimas de  violencia familiar.

En el caso de que no sea posible revincularlas con algún pariente, se llevan adelante los pasos para que puedan ser adoptadas. Este proceso suele ser muy lento, por lo que los expedientes demoran más del año en avanzar y hay niñas que quedan al resguardo de las religiosas por más de dos años.
En este momento, hay dos menores en condiciones de ser adoptadas que esperan una familia.

Dos casos previos de adopciones múltiples

Claudio Boccalon y Mariela Rzepeski, un matrimonio de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, llegó a Posadas en diciembre de 2014 para adoptar a cinco hermanitos misioneros.

Los chicos estaban en el hogar San José Obrero, pero antes vivieron varios años en el hogar El Refugio, que por entonces había sido cerrado. “Nosotros viajamos a Posadas a adoptar un hijo y tuvimos que regresar a Buenos Aires en dos autos porque terminamos adoptando cinco hermanos que hoy son la felicidad de nuestro hogar”, señaló Mariela Rzepeski en referencia a  Julio (14), Mario (12), Ana (10), María Luján (7) e Iván (5).
“Cuando desde la Fundación Tupá Rendá nos dijeron que también podíamos adoptar a Mario y a Ana, y posteriormente la jueza de menores nos explicó que en realidad eran cinco los hermanitos que no se querían separar y que también incluían a María Luján y a Iván, con mi marido dimos el sí más inmenso de nuestras vidas”, agregó.
“Lo nuestro fue un amor a primera vista. Nunca planeamos adoptar cinco hijos, pero la situación se dio así porque Dios seguro tenía estos planes para nosotros y la verdad es que hoy podemos sentir que tocamos el cielo con las manos”, finalizó.
Por su parte,  Andrea Barros y Víctor Bernardete de Allen, Río Negro, adoptaron a cuatro hermanos de la tierra colorada en noviembre del 2016. Gracias a este gesto de amor, Milagros (13); Brian (11); Sabrina (5); y María (3), finalmente encontraron una familia.
“Primero habíamos puesto bebés o niños hasta 12 años. Y luego los psicólogos nos dijeron por qué no nos inscribimos para adoptar hermanitos, yo tenía dudas; mi marido tomó la decisión de decir que sí (…) Tratamos de que ellos sean felices y darle todo lo que esté a nuestro alcance. Somos una familia muy unida y los vamos a sacar adelante. Lo más lindo es escuchar que los chicos te digan mamá y papá”, reveló emocionada Andrea.
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