Tatuarse con bambú, la tendencia que seduce a turistas en playas de Tailandia

Tailandia se convirtió en uno de los destinos más elegidos por los millennials viajeros en búsqueda de aventura. Sus playas paradisíacas se ajustan a cualquier bolsillo, en especial por su oferta barata de hospedaje y comida. Pero los turistas que llegan a esta ciudad del sureste asiático también la incluyen en su itinerario por su cultura vibrante y milenaria. Y algunos hasta se animan a ser parte de sus rituales por un rato.

Dentro de esas actividades típicas, cada vez son más los extranjeros que deciden tatuarse con la técnica de bambú. A diferencia del método tradicional, la piel no se rompe sino que se perfora. Esto genera que el proceso sea menos doloroso y hasta la cicatrización es más rápida, porque hay menos formaciones de costras.

Aunque ahora se transformó en una moda y las redes sociales están repletas de videos que muestran el paso a paso, los pioneros en utilizarla fueron los monjes budistas. Bautizados como “sak yant” en su lengua local, los hombres se tatuaban estos “dibujos protectores mágicos” con una caña filosa en todo el cuerpo, como parte de un rito religioso.

Por cuestiones de higiene, el mecanismo que se utiliza ahora es descartable al incorporar una aguja dentro de la varilla, que se renueva con cada cliente.

Los islas tailandesas Phi Phi o Tao son algunos de los sitios con más estudios para realizarse este tipo de tatuajes. Aunque no es necesario llegar hasta allá, ya que en casi cualquier sitio del país se puede encontrar un local que los ofrezca. Al igual que el método convencional, el precio varía según el tamaño. Pero por lo general, uno pequeño puede costar entre 40 y 50 dólares.

Aquellos viajeros que se animaron a esta experiencia resaltaron que los tatuadores son muy prolijos en su trabajo y el proceso casi se convierte en un momento placentero, ya que no sufrieron el impacto de la caña. Además, resaltaron que ya al día siguiente estaban disfrutando de la playa, sin tener problemas con las cicatrices.

Fuente: El Territorio

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